Si el hombre del tiempo se equivoca, la aplicación del clima de mi Iphone más. Y si es Vietnam más todavía. Tres días soleados y de aire puro terminaron por relajarme.
Aterricé en Danang ya de noche. Un taxi me llevó del aeropuerto al hotel. La recepcionista me quería cobrar más de lo que había encontrado por Internet. Después de una lucha intensa logramos entendernos. Salí a buscar donde cenar, volví a la habitación y por fin pude liberar el estrés de la tarde y mi actuación del aeropuerto.
Según me levanto pongo rumbo a Hoian, dos horas de bus y estoy. ¿Pa dónde? Somos varios turistas que no sabemos hacia dónde está el pueblo. El bus nos ha dejado como a 10 minutos caminando del pueblo. ¿Para allá o para allá? Dudo, avanzo, miro el mapa, retrocedo. No puede ser que ahora me pierda con algo tan tonto. No soy el único desorientado. Otros grupos de viajeros también lo están. Pa'lláaaa! Ruta acertada.
Hoi An es, por mérito propio, Patrimonio de la Humanidad. La belleza de sus casas y sus calles, su río y su tranquilidad te transportan fácilmente siglos atrás. Algo curioso: pagas por entrar al pueblo porque todo él es Patrimonio. Choca un poco, pero luego le ves sentido.
Por la noche doy una vuelta por un mercadillo que es un hervidero de gente. No hay ni un imán que valga la pena. Busco donde cenar. Lo encuentro, me siento. En la mesa de al lado hay un chico que tiene pinta de hablar español. Sinceramente, no tengo ganas de hablar con nadie, ¡qué pereza! Evito contacto visual. No me apetece establecer contacto con el mundo. Ceno. Con el estómago lleno las cosas se ven diferentes. ¡No puedo ser tan borde! No aguanto la tentación y le pregunto. Efectivamente, habla español. Acababa de conocer a Pablo. Pablo te pregunta y no dice tú, dice vos. Buena conexión. Estuvimos más de dos horas hablando: la crisis de España, el corralito argentino, ... La primera conversación interesante de este viaje. Está viajando de norte a sur, ruta opuesta a la mía, pero si me decido cambiar de planes e ir a Camboya quedamos en hacer juntos los Templos de Ankor.
Pablo marchó y yo continué en Hoi An intentando resolver mi dilema. ¿Cómo estar tan cerca de Angkor Wat y no visitarlo? Paisajes similares a los del norte de Vietnam los vi en China: montañas de arrozales en pueblos indígenas y montañas calizas serpenteadas por agua. Pero he venido a Vietnam, tengo ruta hecha y un vuelo del norte al sur para el regreso. ¿Qué hacer? Alquilé una bici y puse rumbo a la playa: a penas gente, día soleado, mar en calma, hamaca, sombrilla, coco en mano, lectura y relax.
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